Las hormonas son una de las causas más comunes por las que las personas se despiertan empapadas, y el mecanismo es diferente al del simple sobrecalentamiento. Los cambios que se producen durante la perimenopausia, la menopausia, el embarazo o el posparto pueden alterar el termostato interno del cerebro, el hipotálamo, lo que hace que este interprete erróneamente la temperatura corporal y desencadene una oleada repentina de calor y sudor, incluso en una habitación fresca.
Los sofocos nocturnos suelen aparecer de repente y desaparecer en cuestión de minutos, pero dejan las sábanas húmedas y el pulso acelerado, lo que dificulta volver a conciliar el sueño. La ropa de cama pesada empeora aún más la situación, ya que retiene el calor justo en el momento en que tu cuerpo está tratando de liberarlo.
Un entorno para dormir más fresco y transpirable no alterará tus hormonas, pero permite que el calor se disipe, por lo que los sofocos pasan más rápido y perturban menos tu sueño. Si tus sudores nocturnos son nuevos, intensos o te están afectando el sueño con frecuencia, vale la pena que lo comentes con un profesional de la salud.