No se trata de un despertar aleatorio. Es un fallo en la termorregulación de tu cuerpo que se produce en un momento predecible del ciclo del sueño.
Para entrar y permanecer en la fase de sueño profundo, la temperatura corporal central debe bajar aproximadamente entre 1 y 2 °C. El investigador del sueño Matthew Walker señala que esta disminución de la temperatura es uno de los desencadenantes fisiológicos más fiables de todo el ciclo del sueño: no se trata de una cuestión de comodidad, sino de una necesidad biológica. Si no se produce ese descenso, no se alcanza el sueño profundo.
Cuando la ropa de cama sintética retiene el calor contra tu cuerpo durante toda la noche, el proceso de enfriamiento no puede completarse. Tu temperatura corporal se mantiene elevada. Tu cuerpo te saca del sueño profundo para intentar regularla. El periodo comprendido entre las 2 y las 4 de la madrugada es cuando este conflicto alcanza su punto álgido.
No es que tengas el sueño ligero. Es que tu ropa de cama está impidiendo que se complete un proceso fisiológico.